Pequeña reflexión sobre el acto de esperar…

Simplemente no sé si alguien con anterioridad ha escrito sobre este comportamiento, aunque a estas alturas dudo que no se haya hecho. La motivación que me lleva a escribir este pequeño artículo es reflexionar sobre el acto cotidiano de la espera y como de una u otra forma configura nuestra vida.

El acto de esperar, dada sus características, aparece como generalidad en cualquier grupo humano desplazando así barreras políticas y culturales. No hay nada más humano que esperar y nosotros pasamos haciéndolo la mayor parte del día en pequeña y gran escala; desde que esperamos el microbús para ir al trabajo o a la universidad hasta un llamado por teléfono o un simple gesto.

La espera lleva consigo una serie de sentimientos y comportamientos asociados. No depende sólo de nosotros sino de nuestra relación con el medio o de otros individuos por lo cual es un comportamiento condicionado lo que involucra cierto grado de incertidumbre en su constitución. Tal vez esta sea el centro de la discusión, ya que al ser la espera (en ciertos casos) un acto cómplice implica circunstancias ajenas a nosotros lo cual llevará a uno u a otro agente en algún momento a ceder o tomar la iniciativa. La esperanza también esta relacionada estrechamente con el acto de esperar, sólo basta dar el ejemplo de los cristianos que postulan para sí la vida eterna y una posible redención de los pecados lo cual lleva a que su vida sea una espera marcada por el arrepentimiento y el perdón en pos de una vida mejor. La desilusión cuando la espera no ha dado los frutos que esperábamos…

Aunque de cierta forma el acto de esperar se ha ligado, tal vez prejuciosamente, al aburrimiento y la desidia debemos tener en cuenta que la multiplicidad de formas que este comportamiento conlleva no sólo se límita a tales aspectos considerados como “negativos”, recordemos que nuestro nacimiento no es más que el fruto de la espera de nueve largos meses, sin duda ciertas esperas tienen sus recompensas.

Mi reflexión no es del todo azarosa, sino que busca de cierta forma instar a que en ciertos casos esperar no es el camino más correcto. A veces, en las esperas importantes (las que pasan por la decisión personal), hay que ser proactivos y no arrimarse a que un externo o el tiempo solucionen las cosas, tomar la iniciativa en esos casos no sería un acto arriesgado o irracional sino una intención de cambiar las cosas haciendo. La naturaleza vive en un eterno dinamismo, una suerte de cambios y relaciones constantes y eficaces, aprendamos de ella y no nos quedemos en una aletargante inmovilidad.

Porque simplemente la vida misma es un largo devenir. Una serie de experiencias, momentos, alegrías y penas fragmentarias, una espera a algo impostergable; una cita con la muerte. Pero en nosotros esta como la vivamos, como la disfrutemos y como seamos capaces de sobrellevarla.

A la espera de un nuevo día...

Daniel Rebolledo Hernández (daniel@tuonda.cl)

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