Tropiezo…
No tengo cordones, ni cordura… y tropiezo en tu puerta; horas, días, semanas… meses enteros. Tropiezo, como un cachorro cualquiera en un desamor que de cualquiera no tiene nada. Tropiezo y pido a gritos que me devuelvas mis zapatos o mis vestidos, o cualquier cosa que pudiera identificarme. Tropiezo… y tu puerta, que también era mi puerta, ya no me reconoce,… ya no me coquetea con su ojo mágico, ya no deja que lo maquille para Navidad o Año Nuevo, ya no tiene pestañas para jugar… ya no deja que sea yo quien te abra y sonría.
Tropiezo en tu puerta, pidiendo que me devuelvas todas las vocales de mi nombre, tropiezo… y ya no quiero que tan solo tú puedas pronunciarme. Tropiezo y gimo como gato hambriento, porque no puedo hacer nada más, porque mis palabras las pediste prestadas y nunca me las devolviste. Porque no tengo vocales, ni consonantes, ni nada con que defenderme, ni entenderme, ni suplicarte… Aquí estoy, y sigo tropezando… con el pelo despintado, con la boca despintada, con las uñas despintadas… despintando a pedazos tu puerta para ver si te enteras… Despintando a golpes mi inocencia para que te hagas responsable… Despintándome a mi misma para no reflejar en nada tu idiota torpeza.
Aquí estoy, desvestida y despintada… y gimiendo, convertida en cualquier cosa,… o convertida en nada; para ver si te descuidas y quieres entrar. Para ver si te descuidas… y te hago tropezar conmigo.
No hay artículos relacionados.
