Infidelidad en la pareja
Lo dicen las encuestas: La mayoría de las personas desea una relación de pareja estable y duradera. Lo indican los ratings: Las historias de amor, los romances, las venturas y desventuras de las parejas nos interesan. Nos motivan, nos identifican. Nos vemos reflejados en esos amores arrobadores. Y también, desgraciadamente, en esas dolorosas traiciones…
Si nos guiamos por la televisión, podría parecer que nos acostumbráramos a ver la infidelidad, parece que la frivolizáramos y aceptáramos. Sin embargo, la televisión ni las revistas de farándula logran mostrar el terrible impacto que tiene una infidelidad en la pareja. El dolor, el horror, el desconcierto son sentimientos que se suceden, al principio en un estado de shock y que cuesta mucho contener y llevar. Tampoco logran mostrar el largo camino hacia el perdón. Y menos se habla del valiente proceso que siguen quienes logran superar realmente esta situación.
En términos de simple lógica, hay un porcentaje de parejas que no resiste una infidelidad. El descubrir que la pareja ha compartido la intimidad sexual con un tercero resulta sencillamente destructivo. Se hace imposible recuperar la relación perdida. En estos casos, es importante, sin embargo, que la separación sea real, que se resuelvan y procesen las situaciones a nivel individual, para superar el trauma y la culpa, para poder comenzar, tal vez con otra persona, otra relación que no se condene al mismo fracaso. Y en esto, la ayuda de un profesional es de gran importancia.
Un segundo grupo de parejas sobrevive la infidelidad, pero sin resolverla, sin perdonarla, sin repararla. Soterrando los conflictos y transformando la convivencia en un castigo. Quiebres que no se reparan son como heridas que nunca dejan de supurar y continúan haciendo daño por mucho tiempo. Por fuera, la pareja se mantiene pero el amor, la confianza y la contención mutua nunca vuelven a ser lo mismo. La sensación de falsedad, de sinsentido y de daño son crecientes, puesto que la vida desde una cáscara no se sostiene sin costo. La depresión, los cuadros ansiosos, las crisis de pánico; diversas patologías se pueden desencadenar en los miembros de la pareja y en los hijos si no se logra superar adecuadamente el trauma.
Un tercer grupo de parejas logra procesar la situación. En un proceso difícil, doloroso y que requiere de valentía, contando con ayuda profesional, es posible transitar por esa experiencia y dejarla efectivamente atrás. Hablar de lo que pasó, lo suficiente para comprender, para explicarse, para incorporar ese dato secreto en la historia personal y en la historia de ambos. Reclamar por la ofensa: La traición ocurrió, se faltó a los compromisos, se hizo daño. Escuchar el dolor del otro y acogerlo. Después, comprenderse. Pedir perdón, ofrecer reparación. Perdonar y ser perdonado. Aprender de la experiencia. Reforzar el vínculo, sostener el cariño, valorar la relación, acrecentar la intimidad, la amistad y la confianza. O decidir terminar, cuando es necesario asumir que la relación ya no satisface las necesidades profundas, que no es posible reparar.
El amor perfecto no existe, no dura, no es real. El amor se construye, a partir de conocerse, acogerse y perdonarse uno a otro. A partir de reconocer y procesar a tiempo las necesidades y las carencias, a partir de cuidarse, valorar lo que se tiene y trabajar constantemente por quererse mejor.
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